miércoles, 13 de enero de 2010 en 13:38
Raúl López García era un hombre que no se destacaba entre el resto. Llevaba una típica vida, junto a su mujer, Rosa Martínez, y a su hijo, Julián.
Raúl trabajaba todos los días -exceptuando los domingos- en una fábrica muy conocida, creo que era Arcor. Su señora trabajaba en un banco cercano a su casa. Juliancito, así lo llamaban sus padres, tenía apenas dos años, por lo tanto tenía una niñera que lo cuidaba el tiempo que fuese necesario.
Cierto día, más exactamente un martes, Rosa y Raúl se levantaron alrededor de las seis y media de la mañana para tomar el desayuno juntos e ir a trabajar. Ambos entraban a las siete y media. Como siempre, Ana, la niñera, llegó a las siete a la casa de los López García. Siempre solía estar allí con anticipación, no toleraba la impuntualidad, y mucho menos llegar tarde a cualquier evento o compromiso.
Eran las siete y media de la tarde, Raúl recién salía de trabajar, cuando su teléfono celular sonó. Era su esposa, que le comentaba que debía quedarse más tiempo en el banco, por un problema que hubo, que luego le explicaría. A él le extrañó bastante, ya que jamás había sucedido; pero poca importancia le dio y continuó su camino a casa. Al llegar, vio que su hijo no venía corriendo a abrazarlo, y Ana no lo acompañaba con su bolso en el hombro esperando que se le pagara el día. Supuso que habrían salido a tomar un helado, o que tal vez estaban jugando. Se dirigió hacia la cocina y vio un camino de gotas de sangre que se dirigían al baño, cada vez eran más enormes, hasta convertirse en un largo charco... Desesperado, comenzó a gritar sus nombres mientras corría siguiendo los rastros. Allí estaban su hijo y la niñera, tirados en la bañera completamente desangrados y golpeados. Lloró desconsoladamente y no sabía qué hacer, ya no había solución... Pudo por fin calmarse apenas un poco, pero lo suficiente como para llamar a Rosa y comentarle lo que sucedió, pero sin saber cómo ocurrió. ¿Quién podía llegar a ser tan cruel y poco humano como para asesinar a una inocente joven y a un niño indefenso de apenas dos años y tres meses?
A los pocos minutos Rosa llegó a su casa y, al ver los cuerpos, entró en shock. Llamaron a la ambulancia y a la policía. Ambos fueron asistidos y los cadáveres fueron llevados a la morgue, donde sólo pudieron investigar cómo y con qué fueron hechos esos golpes y cortaduras, pero no pudieron identificar al autor del crimen.
Apenas una semana más tarde, fue asesinada la madre de Raúl, cerca del parque de la ciudad, con quince puñaladas en la espalda. Fue alrededor de las tres de la mañana, ella volvía de cenar de la casa de una amiga, ambas muy activas para su edad. López no podía creerlo... Primero su hijo y la chica, ahora su madre. Peor angustia le agarró cuando le dijeron los forenses que tampoco había rastros de huellas o algo parecido como para dar con el asesino.
Las cosas no mejoraron, no termina todo ahí. Tres semanas y media luego de esto, le informaron que su mujer fue asaltada a unas nueve cuadras de la casa, que no se resistió al robo, pero igual le pegaron un tiro en la cabeza, lo que provocó su inmediato fallecimiento. Raúl ya no lo podía creer, de hecho ya no lloraba, estaba neutro, sin poder expresar una sola palabra, nada. Muerto en vida. Al ver que no podía hacer nada, comenzó a investigar por su cuenta cada uno de los hechos, y misteriosamente todo tenía un porqué. Cada una de las víctimas fueron asesinadas en un día, una hora y en un lugar particular, y todo estaba estrechamente relacionado. Pudo entonces sacar una conclusión. La próxima víctima sería él, descubrió que lo matarían el día viernes a la medianoche, en las afueras de la ciudad, cerca de un río. Justamente él tenía un viaje programado y debía pasar por ahí. No tuvo mejor idea que ir a ese lugar, a esa hora y sentarse a esperar. Su vida ya no tenía sentido y él tenía dos opciones. La primera era ir e interceptar al asesino, enfrentarlo hasta que uno de los dos muriera. La otra era quedarse cruzado de brazos y no hacer absolutamente nada.
Como era de suponer, fue hasta el lugar y estuvo esperando desde las once y media de la noche. Se hicieron las doce y no había rastros de ninguna persona que pasara por allí, eso le dio un poco de miedo. Pero rápidamente se hicieron las doce y media, la una, las dos de la mañana... Y no aparecía ese desgraciado. Comenzó a pensar qué pudo haber sucedido. Pudo haberse confundido él, el asesino pudo haberse retrasado o tal vez murió en el camino. O tal vez supo que su plan no sería como esperaba ya que Raúl estaba preparado para cualquier cosa.
Más tarde tuvo una especie de ataque y se le vinieron miles de imágenes confusas a la mente, donde se veía a él mismo asesinando a Ana, a Julián, a su madre y a su esposa. Pudo darse cuenta de que era él quien cometió todos esos horribles asesinatos. Descubrió también que debía matarse a sí mismo, porque eso es lo que decía su propia investigación. Sin poder creer aún lo que sus vagos recuerdos le decían, corrió con todas sus fuerzas y se tiró al río. Para él no existía peor muerte que el ahogo. Y creyó que no merecía otra cosa más que el peor final que le pudiera tocar.

1 Responses to

  1. Anónimo Says:

    hacelo pelicula :P re tragico jaja

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