viernes, 23 de octubre de 2009 en 11:01
Cantidad y calidad son dos conceptos totalmente diferentes… Y mucha gente los confunde. Por esta razón, lo que poseen, los termina poseyendo y formando su identidad. Lo que intentan hacer es saciar “sus” necesidades mediante el consumo, pero no el necesario para sobrevivir, sino que sobrepasan esa barrera y van más allá, consumiendo todo lo que esté a su alcance, lo necesiten o no. Para hacer esto más terrible, esas “necesidades” son ficticias, creadas por el sistema de consumo, y marcan una supuesta aceptación social. Significa que se logra seguridad y aceptación en uno mismo después de saciadas las expectativas de la sociedad, aunque esto signifique perder la identidad propia, el deseo personal, la creatividad, la originalidad y hasta la libertad, lo único que aumenta es el conformismo. Mediante las publicidades se presenta a las personas como fracasos sociales, entes a parte, completamente aislados de la sociedad si no poseen determinado objeto. Así, por ejemplo, cierta persona tira su Motorola C115 para comprarse un Nokia N90, porque si no lo hace, queda atrás, no progresa, es “un Gerardo” y sus pares se burlan de él. Esto tiene que ver con la inclusión social, se obtiene algo material realmente caro pero inservible para ponernos un par de escalones más arriba en la sociedad consumista. Lo peor, es que el individuo, muchas veces, termina creyendo que necesita ese objeto, el que el sistema quiere que el desee, y hasta piensa que con ello será más feliz u obtendrá más prestigio. El único fin que se tiene es ser un tipo determinado de persona que vale por las cosas que ha comprado. Lo dicho se puede relacionar con infinidad de propagandas, pero un buen ejemplo puede ser una publicidad de Renault que se encontró en la revista Viva del día 15/03/09, que dice lo siguiente: “Envidia sana es cuando uno se envidia a sí mismo (…) Tiene todo lo que podés pedir en un auto (…) y todo lo que una gran familia como la tuya NECESITA PARA VIVIR UNA MUY BUENA VIDA”. Es realmente increíble como los creadores del deseo intentan camuflar sus necesidades haciéndolas pasar como las de uno. Parece ser que para vivir bien no hay que tomar agua y comer alimentos bajos en grasa, sino que hay que tener un nuevo Renault Symbol. Otro ejemplo de la misma revista puede ser uno de la sección Shopping que ofrece ciertas fragancias para hombres, y cuyo título es “DAMAS A ABSTENERSE”. ¿Está suponiendo que todas las mujeres son superficiales y que sólo les importa un buen olor? Al menos eso parece. También en muchas películas se observa que las personas más populares, es decir más aceptadas por la sociedad, son aquellas que tienen más dinero (más oportunidad que consumir).
Se hablará ahora de los estilos de consumo, utilizados para marcar la identidad a los grupos, al consumir determinado producto propio de cada uno, símbolo de apropiación y pertenencia que marca la distinción entre las clases sociales. Donde mejor se puede ver esto es en la adolescencia, cuando todos los jóvenes necesitan construir su identidad, pero erróneamente o hacen a través de la vestimenta, la música que escuchan, las palabras que utilizan, los deportes que hacen, etc. Estos son los criterios de inclusión social, los cuales nos insertan en diferentes grupos, de acuerdo con “nuestros intereses”, definiéndonos por lo que no somos. Un flogger es flogger porque no es cumbiero, por ejemplo. Hay una constante definición de sí mismo mediante el opuesto: “yo soy lo que soy porque no quiero ser lo que no soy”. Lo que unifica a las identidades son los deseos de consumo. En la adultez también se pueden ver diferencias que se marcan mediante esto, donde el deseo siempre está presente. “Un pobre, por ejemplo, no puede consumir como un rico, pero sí puede desearlo o imaginarlo”. Esto hace al consumo un proceso más sociológico que económico.
Lo más terrible es que el deseo de consumir está presente desde que el individuo es un niño. Así, las grandes empresas los atrapan y los seducen con nuevos sabores adictivos o promociones y sorteos de juegos, televisores, etc. La operación “promo promo” de Ilolay Kids creó una promoción –como era de suponer- donde incluía a los personajes de “la peli del momento” que era Madagascar, y les pedía que consuman sus productos para ganar increíbles premios como un DVD de la película. Otro triste ejemplo es el del documental visto en clase, donde los niños reconocían inmediatamente al Payaso de Mc´Donalds y no sabían quien era Jesús, lo que también demuestra como manipulan y atraen a las personas por medio de publicidades llamativas. En este caso a la mayoría de los niños les gustan los payasos, y oh casualidad que la cara del Mc´Donalds lo sea. Además esta casa de comidas atrae a los niños por los juegos del local y los juguetes que ofrece al comprar un combo carísimo de papas fritas, hamburguesa y gaseosa, llamado “La cajita feliz”, el nombre también es muy persuasivo y no sólo “da felicidad” sino colesterol, hiperglucemia, aporta significativas grasas, etc. Es decir, que no solo manipulan al individuo para consumir sino que ni si quiera se interesan en su salud. Otra publicidad que insinúa felicidad es la de Coca Cola y “La fabrica de la felicidad”.
Otro tema que realmente molesta es que el cariño, muchas veces, se exprese con lo material. Cuando cumplimos años, nos sacamos buenas notas, hacemos algo bien, etc., se nos “premia” con dinero o cosas. ¿Cuántas veces escuchamos que nuestros padres nos dijeran "-Tomá hijo/a, te lo merecés por haberme ayudado"? Generalmente uno prefiere un abrazo a dos pesos. De todos modos, no vamos a la falta de cariño, sino a la manera de recompensar que usan... O sea, parece que la manera de expresarlo es a través de lo material. Muchas otras veces, nos hemos portado mal y nos han dicho "-¿ASÍ ME AGRADECÉS? CON TODO LO QUE YO HAGO POR VOS... YO TE COMPRO LAS MUÑECAS, LOS AUTITOS, LA ROPA. YO TE PAGO INGLÉS, TUS DEPORTES, TUS CAPRICHOS, TUS GOLOSINAS DE TODOS LOS DÍAS. TODO TE PAGO. SI NO ME TUVIERAS A MÍ, ¿QUIÉN TE PAGARÍA TODO? A MÍ NO ME AYUDA NADIE A BANCARTE, YO SOLA/O TE PAGO LAS COSAS QUE NECESITÁS..." Así es, parece que el mundo estuviera sujeto a un billete o girara entorno de él. El dinero es mucho más importante de lo que creemos, ya que con él podemos comprar todas y cada una de las cosas innecesarias que el mercado nos ofrece. Esto está tan incorporado en la sociedad que inclusive existen días del consumismo, disimulados con el título de “día del niño”, “día de la madre”, “día del padre”, ¿Quiere decir que hay un solo día del año para recordarle a tu familia que la querés? Peor aún, las mismas Navidad y Pascua, festividades religiosas, se han vuelto totalmente consumistas. Inclusive dentro de las familias y del grupo de amigos mismos está incorporado el fenómeno del consumismo: “¿Nos juntamos el domingo?” “Si, ¿Qué comemos?¿Quién lleva qué cosa?”. Nunca se nos ocurre reunirnos simplemente para pasar un buen momento juntos.
Lamentablemente las personas se definen y valorizan por lo que poseen o lo que consumen. Actualmente, la identidad se define por los comportamientos de consumo y no por su ocupación en la producción o distribución como antes. Tal es así, que la institución dominante del presente es la de las grandes corporaciones multinacionales. Gracias a esta visión capitalista todo lo que se hace se expresa cuantitativamente, cada hecho es simplemente un hecho más, desprovisto de sentido de una totalidad.



MIENTRAS MÁS LES DAS, MENOS LES ALCANZA (8)
(Menende Rosio Majalí y Tol Trehiho)

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